La NASA confirmó este mes la pérdida de contacto con MAVEN, uno de sus tres orbitadores activos en Marte y una pieza central en los estudios atmosféricos del planeta; la anomalía fue detectada el 6 de diciembre, cuando MAVEN dejó de transmitir datos pese a que la telemetría indicaba un funcionamiento nominal en todos sus sistemas.
Según el comunicado de la NASA, se está investigando la causa del silencio, el cual coincidió con el paso temporal de la nave detrás de Marte, evento que impidió la comunicación durante parte de su órbita.
Cuando la geometría volvió a permitir el enlace, la señal de MAVEN no pudo ser restablecida.
La misión MAVEN forma parte del esfuerzo de la NASA por comprender los procesos que moldean la atmósfera marciana, un conocimiento esencial para futuras misiones tripuladas.
Desde su llegada al planeta rojo en 2014, tras un viaje de 10 meses, la nave ha estudiado cómo el viento solar altera las capas superiores de la atmósfera.
También se han realizado observaciones de plasma in situ, lo que ha permitido avanzar en la comprensión de fenómenos como las auroras marcianas.
Estos aportes se han convertido en referencias para otras agencias espaciales que analizan estrategias para proteger equipamiento y tripulación en entornos dominados por radiación.
Aunque MAVEN ha operado con estabilidad durante una década, la misión no ha estado exenta de riesgos:
Su lanzamiento en 2013 implicó maniobras constantes para evitar colisiones en órbita, y en 2022 se reinició un instrumento de navegación que ocasionó una breve interrupción en las comunicaciones.
Desde entonces, la NASA había previsto que MAVEN podría extender su vida útil al menos diez años más, lo que hacía que su contribución científica siguiera siendo relevante.
Parte del análisis actual se centra en determinar si la nave ejecutó un modo seguro que haya deshabilitado temporalmente su sistema de comunicación, una hipótesis que suele evaluarse cuando ocurren fallos repentinos.
El lugar de MAVEN en su red de orbitadores
La pérdida de contacto con MAVEN ocurre en un momento en que la NASA ajusta sus prioridades presupuestales y analiza la continuidad de varias misiones científicas: MAVEN, incluida entre los proyectos que en 2026 enfrentaban riesgo de recorte, había mantenido su relevancia debido a su capacidad para generar datos que otros orbitadores no proporcionan.
El ecosistema marciano actual de la agencia se completa con Mars Odyssey, operativo desde 2001 y próximo a agotar combustible, y con Mars Reconnaissance Orbiter, cuya actividad podría extenderse hasta la próxima década.
Los fallos de comunicación en misiones interplanetarias son poco frecuentes, pero no inéditos; la NASA ha recuperado vínculos en situaciones más complejas, como ocurrió con CAPSTONE en la órbita lunar o con la sonda Voyager en el espacio interestelar.



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