El brote de ébola en el Congo continúa ejerciendo presión sobre los servicios sanitarios de la provincia de Ituri, donde médicos y enfermeros enfrentan largas jornadas de trabajo en medio de carencias materiales y retrasos en el pago de salarios.
Las autoridades sanitarias consideran que el origen de la epidemia se encuentra en Mongbwalu, una zona minera del este del país que concentra una intensa movilidad de trabajadores y condiciones que favorecen la propagación de enfermedades infecciosas.
Actualmente se han confirmado 488 contagios y 86 fallecimientos, mientras 267 pacientes permanecen hospitalizados o en aislamiento.
El doctor Richard Lokudu, director médico del Hospital General de Referencia de Mongbwalu, afirmó que el personal continúa trabajando pese a las dificultades:
“No he recibido mi asignación y no sabemos qué puede ocurrir”, señaló al describir los riesgos que enfrenta el equipo sanitario.
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Personal médico combate el ébola con recursos limitados
La respuesta sanitaria se ha visto dificultada por la falta de equipos y por la rápida expansión del virus antes de ser detectado oficialmente; según la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad circuló durante semanas antes de que se declarara la emergencia.
Además, la cepa Bundibugyo carece de vacunas o tratamientos aprobados, por lo que la atención se centra en controlar síntomas y evitar nuevos contagios. Se estima que el plan internacional para contener la emergencia requerirá una inversión de 518 millones de dólares.
La situación también se complica por la desconfianza de algunas comunidades hacia los centros de salud y por la inseguridad derivada de conflictos armados en la región.
Mientras el número de casos sigue aumentando, trabajadores sanitarios en el Congo mantienen la atención de pacientes con la esperanza de contener un brote de ébola que continúa desafiando la capacidad de respuesta local.



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