Los ciudadanos, con independencia de las diferencias institucionales o fiscales, se desplazan hacia donde perciben mayores oportunidades y mejor calidad de vida
En Estados Unidos, entre 2012 y 2023, los estados que votaron por Trump en 2024 captaron más de 2 billones de dólares en ingresos ajustados netos por migración interna, mientras los estados demócratas perdieron casi la misma cantidad, según datos oficiales del IRS; un fenómeno impulsado principalmente por impuestos estatales más bajos, menor costo de vida y mejores condiciones para trabajar y jubilarse.
En México ocurre algo parecido, aunque obedece a factores distintos. Aquí los impuestos estatales apenas varían, de modo que la gente no huye de tasas del 13% sino de desempleo, inseguridad, saturación urbana y falta de oportunidades. El resultado, sin embargo, es idéntico: los ciudadanos se desplazan hacia donde perciben una mejor calidad de vida.
Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, que sigue siendo la referencia más sólida para el periodo 2015-2020, Quintana Roo registró el mayor saldo neto migratorio positivo del país, con 7.4 %, seguido de cerca por Baja California Sur, Nuevo León, Querétaro, Aguascalientes, Coahuila, Chihuahua y Yucatán. Estos estados han consolidado su atractivo gracias a varios factores entre ellos al boom del nearshoring, que desde 2022 ha generado miles de empleos en industria automotriz, aeroespacial, logística y servicios.
En el extremo opuesto, Guerrero aparece como el mayor expulsor, con un saldo de -4.1 %, acompañado de Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Veracruz y, de manera cada vez más notoria, la CDMX, que tras décadas de ser imán nacional se ha convertido en expulsora neta por el alto costo de vida, el tráfico crónico y la percepción de saturación de servicios.
Los motivos que explican estos flujos están bien documentados por el propio INEGI. Entre 2015 y 2020, el 45.8 % de los migrantes internos se mudó para reunirse con la familia, el 28.8 % para buscar o cambiar de trabajo y el 6.7 % por inseguridad o violencia delictiva. Estudios más recientes de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 confirman que la reunificación familiar sigue siendo el principal detonador, pero la búsqueda de empleo gana terreno en las migraciones interestatales, especialmente entre los hombres. La pobreza laboral y la incidencia delictiva actúan como factores de expulsión en el sur y centro-sur, mientras que la oferta de empleos mejor pagados y la percibida mayor seguridad en el algunos estados del bajío y del norte operan como imanes poderosos.
Este movimiento no es neutro desde el punto de vista económico. Los estados receptores ganan población joven y en edad laboral, atraen inversión privada y dinamizan sus economías locales: Nuevo León y Querétaro, por ejemplo, han visto un crecimiento industrial acelerado gracias a la relocalización de empresas estadounidenses y europeas. Al mismo tiempo, los estados perdedores enfrentan envejecimiento demográfico, pérdida de fuerza laboral calificada y menor capacidad para retener talento. Es un mecanismo clásico de ajuste de mercado: los lugares que ofrecen mejores condiciones —empleo, salarios, infraestructura y seguridad relativa— captan recursos humanos y capital, mientras los que no los pierden.
En conclusión, tanto en EUA como en México, la migración interna revela la misma lógica. Los ciudadanos, con independencia de las diferencias institucionales o fiscales, se desplazan hacia donde perciben mayores oportunidades y mejor calidad de vida. Los datos muestran que, en México, ese flujo sigue favoreciendo al bajío y al norte, y todo indica que la tendencia se mantendrá mientras persistan las brechas regionales en empleo, seguridad y costos de vida.



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