Japón dio un paso decisivo en su estrategia energética al autorizar la reactivación de la mayor planta nuclear del mundo, una decisión marcada por el antecedente de Fukushima y por las presiones económicas actuales.
El aval local permite avanzar en el reinicio de reactores en Kashiwazaki-Kariwa, instalación operada por TEPCO, que había permanecido inactiva más de una década.
El anuncio confirma el cambio de rumbo de Japón, donde la energía atómica volvió a ser considerada un pilar estratégico tras el accidente de Fukushima en 2011; la planta nuclear concentra siete reactores y representa una pieza central para la seguridad energética del país asiático.
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Japón, la planta nuclear y el legado de Fukushima
El gobernador de Niigata, Hideyo Hanazumi, otorgó su consentimiento para reactivar dos reactores, superando el último requisito local que exige Japón para operar una planta nuclear.
La decisión fue descrita como compleja y políticamente sensible, debido a la memoria social de Fukushima, que alteró la percepción pública sobre la energía nuclear.
Se informó que los reactores 6 y 7 ya habían superado evaluaciones técnicas previas, aunque los trabajos fueron suspendidos tras detectarse fallas en 2021; posteriormente, las restricciones fueron levantadas por la autoridad reguladora.
Parte de los protocolos de seguridad ha sido reforzada, y planes de evacuación fueron actualizados tras el sismo de 2024, lo que permitió reactivar el proceso.
Impacto energético y social tras Fukushima
Japón cuenta actualmente con 13 reactores en operación, frente a los 57 existentes antes de Fukushima; la reactivación de esta planta nuclear podría aportar varios gigavatios a la red, en un contexto de altos precios de combustibles y metas de descarbonización.
La política energética fue ajustada para extender la vida útil de reactores y evaluar nuevas construcciones.
No obstante, persisten inquietudes sobre la gestión de residuos y la confianza pública.



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