La regla es simple: entre mejor preparado académicamente esté un país, mejor es su perspectiva de crecimiento.
Un país no se vuelve más próspero porque alarga la lista de diplomas. Se vuelve más capaz de crecer cuando más gente sabe leer con rigor, calcular con sentido y usar información para decidir. Esa es la tesis, y se puede recorrer rápido.
A escala internacional, más años de escolaridad se asocian con mayor PIB per cápita. Pero el ingreso no premia solo el tiempo en el aula: premia lo que ese tiempo deja en la cabeza. Las pruebas que miden habilidades —como PISA— predicen mejor el crecimiento de largo plazo que el simple conteo de grados. El efecto no aparece al año siguiente. Se acumula cuando esas generaciones entran al trabajo y reemplazan a las anteriores.
El caso mexicano. En PISA 2025 México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, lejos del promedio de la OCDE (463, 461 y 482). Bajó siete puntos en matemáticas frente a 2022. Siete de cada diez estudiantes de 15 años no alcanzan el nivel básico en esa materia. Casi no hay alumnos en los niveles altos. México ha ganado cobertura escolar; no ha ganado, de forma sostenida, aprendizaje. Esa brecha es la que pesará en 2040 y 2050.
Friedrich Hayek lo planteó: el problema económico no es que un planificador “sepa todo”, sino cómo usar el conocimiento disperso entre millones de personas. Quien no comprende un texto, una cifra o una relación causa-efecto participa peor en ese orden. La preparación académica no sustituye a las instituciones ni crea genios por decreto. Sí amplía el número de personas capaces de coordinarse, emprender y aprovechar el saber ya existente.
Si el rezago de aprendizajes se mantiene, México no “pierde” el PIB del próximo trimestre. Recorta su techo de productividad, de inversión más sofisticada y de salarios formales durante las próximas dos o tres décadas. Si lo revierte, la correlación entre educación y desarrollo deja de ser una gráfica ajena y se vuelve una trayectoria propia.
La regla es simple: entre mejor preparado académicamente esté un país, mejor es su perspectiva de crecimiento. No por magia escolar, sino porque el conocimiento usable es parte del capital. Dos personas pueden trabajar las mismas horas; la que lee un contrato, interpreta una gráfica y resuelve un problema produce más valor que la que solo puede ejecutar lo que le dictan. Una llega al mercado con herramientas. La otra llega sin ellas. El país que multiplica la primera no solo “educa más”: agranda su capacidad de generar riqueza.



Leave a Comment