Miles de familias acudieron este 2 de noviembre al Panteón del Cimatario para limpiar y adornar las tumbas, compartir anécdotas y mantener viva la memoria de quienes se adelantaron.
Querétaro, Qro., 2 de noviembre de 2026.- Flores, música, oraciones, los recuerdos y la nostalgia enmarcan la visita de miles de personas al Panteón Municipal del Cimatario en la capital queretana.
Este 2 de noviembre los aposentos de quienes se nos adelantaron se llenan de color y el silencio del camposanto se ve interrumpido por las charlas, los cantos y el llanto de los deudos que año tras año acuden a visitar a sus muertos.
Sobre la calle Luis M. Vega los comerciantes de flores y comida ya esperan a los visitantes.
El ingreso al panteón es ordenado, familias completas con ramos de cempasúchil, cubetas y herramienta para arreglar las tumbas van ingresando poco a poco recorriendo las angostas calles y ubicando su destino.
Grupos de personas ofreciendo el servicio para llevar agua, para palear la tierra o el exceso de hierba de las tumbas; pipas maniobrando entre centenares de personas. Nada interrumpe el objetivo, pasar el día con lo suyos.
Tumbas, nichos, mausoleos, todos ellos coloridos, hoy en especial con una mayor atención. Los vivos no olvidan a sus muertos y los adornos, las flores, la música y las charlas nos recuerdan eso.
El sol cae con aplomo, los árboles dentro del panteón dan tregua; después del arreglo de las tumbas, se colocan las sillas, los bancos y lo que se pueda usar para sentarse alrededor de ellas.
Comienza la convivencia, la mística que tenemos los mexicanos con nuestros muertos, la parte íntima de lo que no dijimos o quisimos decir más, de lo que no perdonamos o no nos perdonaron.
Hay llantos, risas y las anécdotas. La música y el folclor son parte del momento. No falta una botana, el cigarro y el refresco o hasta una cerveza escondida.
El Panteón del Cimatario, como tantos otros en el país, es escenario de una de las tradiciones más arraigadas de México. Una jornada en la que la ausencia se hace presente y los recuerdos encuentran su lugar.
Porque, al menos por un día, quienes ya no están vuelven a reunir a los que siguen aquí. Y cada familia los recuerda a su manera, celebrando la vida que compartieron.



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