Para México, el alza del petróleo puede ser una oportunidad: más ingresos para Pemex y para el presupuesto
El oro, refugio tradicional, está cayendo en la crisis del Estrecho de Ormuz. Pese a que el Brent supera los 100 dólares, el metal amarillo ha caído más del 10% y cotiza por debajo de 4,400 dólares la onza. No es una debilidad estructural: grandes fondos venden oro masivamente para obtener liquidez en dólares y cubrir posiciones apalancadas. Es el mismo patrón de 2008 y 2020: en el pánico inicial se liquidan activos para tener caja. El dólar se impone como refugio inmediato y el petróleo toma protagonismo. A largo plazo, sin embargo, la presión inflacionaria, la deuda global y las compras de bancos centrales mantienen intacto el papel del oro.
Para México, el alza del petróleo puede ser una oportunidad: más ingresos para Pemex y para el presupuesto, mejora en la balanza comercial y mayor estabilidad del peso (analistas ubican el cierre del año cerca de 18.10–18.20).
Pero hay una advertencia crítica aquí: con precios altos, las fugas de hidrocarburos en el Golfo de México y los accidentes en refinerías pueden borrar esas ganancias y minar la confianza de los inversionistas, esto sin sumar los lamentables daños al ecosistema. Por lo anterior, son señales importantes de que el mantenimiento, la adecuada gestión y la seguridad deben ser prioridad.
A corto plazo es probable un aumento en la demanda del dólares por aversión al riesgo, pero el superávit petrolero podría contrarrestarlo; el peso podría oscilar entre 18.40 y 19.20, apoyado si el crudo se mantiene por encima de 90–95 dólares. Banxico tiene margen para enfrentar la inflación importada sin recurrir a medidas extremas; su próxima decisión sobre la tasa de interés será clave para minarla y, al mismo tiempo, mantener rendimientos atractivos para los inversionistas.
En resumen: esto no es el fin alcista del oro, sino una demostración de que en la fase aguda de la crisis manda la liquidez. Para México hay una ventana de beneficio por el petroleo, pero condicionada a proteger la infraestructura energética. Con decisiones prudentes de política económica y una gestión rigurosa de Pemex, la bonanza petrolera global debe de ser una oportunidad y no una trampa.



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