Isaac Jiménez: El superpeso y la subjetividad del valor

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Tras la contracción del primer trimestre de 2026, el rebote del segundo (1.5 % trimestral) no alcanza para proyectar un crecimiento anual superior al 1.0-1.3 %. Estamos lejos de un ciclo expansivo

El peso mexicano cotiza estos días en torno a 17.02-17.04 unidades por dólar, con mínimos intradía cercanos a 16.97-16.98. Se trata de sus mejores niveles desde el 3 de junio de 2024. En apenas cuatro semanas ha acumulado una apreciación cercana al 3 % y, respecto al cierre de 2025, gana alrededor de 5 %. El “superpeso” ha regresado, aunque en un contexto muy distinto al de 2023-2024.

Lo paradójico es que esta fortaleza ocurre mientras la economía mexicana atraviesa un momento de claro enfriamiento. Tras la contracción del primer trimestre de 2026, el rebote del segundo (1.5 % trimestral) no alcanza para proyectar un crecimiento anual superior al 1.0-1.3 %. Estamos lejos de un ciclo expansivo. El consumo privado se mantiene relentizado, la inversión privada muestra cautela y la incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC pesa sobre las expectativas.

¿Cómo se explica entonces que el mercado valore el peso en máximos de más de dos años? La respuesta reside en la valoración subjetiva que los agentes realizan de la moneda mexicana. Aquí resulta útil recordar a Carl Menger: que en sus “Principios de Economía” (1871), Menger demostró que el valor de un bien —incluido el de una moneda— no es una propiedad objetiva inherente a él, sino el resultado de juicios subjetivos de los individuos sobre la utilidad marginal que ese bien les proporciona. El precio no refleja costos de producción ni “fundamentos” agregados; refleja las preferencias ordinales de quienes actúan en el mercado.

Aplicado al tipo de cambio, el peso se aprecia porque, en este momento, la utilidad marginal que los inversionistas internacionales atribuyen a los activos denominados en pesos es elevada. El diferencial de tasas entre el 6.50 % de Banxico y el rango 3.50-3.75 % de la FED genera un carry atractivo. Los agentes valoran subjetivamente la posibilidad de financiarse en monedas de bajo rendimiento (dólar o yen) e invertir en CETES o bonos mexicanos, obteniendo un rendimiento neto positivo mientras la volatilidad se mantenga contenida. A ello se suma la debilidad relativa del dólar global, impulsada por datos más suaves de inflación y consumo en EUA, que reduce la utilidad marginal percibida de mantener posiciones en la divisa estadounidense.

El carry trade no es un fenómeno técnico abstracto: es la expresión concreta de valoraciones subjetivas en masa. Mientras los participantes del mercado consideren que el diferencial de tasas compensará el riesgo cambiario, demandarán pesos. En cuanto esa valoración cambie, la utilidad marginal del peso caerá y el tipo de cambio se ajustará con rapidez. Loss precios no se “corrigen” hacia un equilibrio objetivo; simplemente reflejan el cambio en las preferencias subjetivas de los actores.

Existen por lo menos tres amenazas que pesan sobre el peso que se deben vigilar, ya que la apreciación actual no es irreversible: (1) El estrechamiento del diferencial de tasas. Si la Reserva Federal endurece su tono ante un repunte inflacionario o si Banxico se ve obligado a recortar por debilidad doméstica, el carry pierde atractivo. (2) La reversión del apetito por riesgo y la incertidumbre institucional. Un deterioro en las negociaciones del T-MEC, un episodio de aversión global a los mercados emergentes pueden provocar una salida rápida de capitales de corto plazo. (3) Factores geopolíticos y de liquidez externa. Tensiones en el Medio Oriente, o propias con EUA, o un fortalecimiento súbito del dólar por motivos de refugio seguro pueden elevar la utilidad marginal relativa del billete verde y presionar al alza el tipo de cambio.

Lo que debe cuidarse, por tanto, es la sostenibilidad de las condiciones que hoy mantienen esas valoraciones subjetivas: la credibilidad de la política monetaria de Banxico, la estabilidad del diferencial de tasas, la claridad en la relación comercial con EUA y la contención (posible) de la volatilidad financiera global.

Mientras los agentes continúen atribuyendo al peso una utilidad marginal elevada por el carry y la debilidad del dólar, la apreciación puede prolongarse. En el momento en que esas preferencias se modifiquen, el mercado ajustará el precio sin necesidad de justificación alguna en los “fundamentos” agregados. El superpeso es el resultado transitorio de juicios subjetivos sobre utilidades marginales. Y esos juicios, por definición, pueden cambiar.

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